Desde finales de los ochenta y muy especialmente a mediados de los 90, se hablaba ya del concepto de ecoturismo, frente al tradicional de turismo rural, mucho más extendido y anterior y mal entendido a la vez, de manera que a veces se confundían los conceptos, tal vez por intereses no demasiado claros.
Con la Declaración de Quebec y la Cumbre de la Tierra de Johanesburgo en el 2002, se dió
el verdadero espaldarazo al concepto, que es lo que tratamos de explicar en primer lugar, para luego enlazarlo con el desarrollo de los pueblos, cara a combatir la pobreza.
Por desgracia, el ecoturismo no tiene una definición genérica aceptada a nivel global, como la tiene por ejemplo el turismo como tal, pero si una serie de características comunes y sabidas que lo perfilan, de algún modo aceptadas por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Estas características las podemos agrupar en cinco líneas:
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| Foto: JV.López (2013) |
1. Turismo y naturaleza van juntos. En este sentido, la motivación principal del turista es la observación, apreciación y, por ende, disfrute de esa naturaleza o de las culturas tradicionales que habitan en ese territorio. Por ejemplo, si vistamos el Gran Cañón del Colorado, estaremos en el territorio de la tribu Hualapai, que aun dentro de la posible desaparición, han sabido adaptarse a las circunstancias y gestionar el Parque Nacional como parte de su vida. Si el Parque pervive y se conserva, la tribu no desaparecerá.
2. También debe incluir elementos educacionales y de interpretación. No sólo basta con decir "aquí he estado yo", sino buscar el por qué y en qué estoy contribuyendo con mi estancia. Es y debe ser una actitud del turista que se aprecie de ello y sacar la belleza de lo aparentemente feo y la parte divina de lo humano.
3. El ecoturismo debe fomentar la actividad empresarial o de micro empresas en la propia zona en el que está el recurso. Ello implica que los operadores turísticos de origen, deben cuidar muy bien el tamaño del grupo y no masificar los espacios de manera que puedan convertirse en verdaderos parques de atracciones. Con aquello se favorece la artesanía y se mantienen las tradiciones y no se vulnera la capacidad de carga del territorio que haría que sus recursos mermaran en contra de la población indígena.
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| Dulikel (Nepal) Foto: JV.López (2012) |
4. Debe procurar reducir al máximo el impacto negativo sobre el entorno natural y socio-cultural. El primero es obvio, pues es la base del recurso territorial que atrae al turismo; pero el segundo, si cabe, es aun más peligroso, y no es más que una forma de contaminación cultural que hace que se pierda la identidad y, al final, se abandonen las costumbres ancestrales y se occidentalice la sociedad, lo cual lleva de nuevo al impacto sobre el medio natural por cese de su actividad de sustento básico.
5. Evidentemente el ecoturismo es conservado en cuanto contribuya a la conservación de los espacios naturales. esto se verifica básicamente generando beneficios económicos para las comunidades indígenas que gestionan las zonas con objetivos conservacionistas; ofreciendo oportunidades alternativas de empleo y renta a las comunidades locales e incrementando la concienciación de la conservación de los activos naturales y culturales, tanto de los habitantes de la zona como de los propios turistas.
Curiosamente, aun estando todo el mundo de acuerdo con estas líneas, desde la propia declaración del Año Mundial del Ecoturismo en el 2002, no se han resuelto temas claves que de alguna forma frenan el desarrollo de la actividad en zonas sensibles.
Así, por ejemplo, los temas de propiedad de la tierra y el control de del propio desarrollo del ecoturismo por parte de las comunidades locales, choca habitualmente con otros intereses que se escapan del concepto.
También, la definición por parte de las autoridades, a niveles nacionales o supranacionales, de zonas protegidas por razón de su biodiversidad o cultura, es tremendamente variable y con distintos grados de protección nada claros de un lugar a otro.
Se genera una necesidad de incrementar la vigilancia ambiental en zonas sensibles, sobre todo con la introducción de infraestructuras para el turismo, tales como accesos y carreteras, alojamientos, o itinerarios en la selva totalmente preparados para el turista medio, con intrusión de elementos antrópicos. Ello por si solo no basta, se necesita una legislación muy restrictiva en esta materia y que se cumpla.
Finalmente, tampoco se soluciona el tema de los derechos indígenas y de las tradiciones en zonas ecoturísticas potenciales, que pueden chocar con la mentalidad occidental o con la presión de los grandes operadores turísticos para la explotación del recurso y no del aprovechamiento sostenible.
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| Calcuta Foto: JV.López (2012) |
En este sentido, la ONU ha adoptado una resolución histórica titulada "promoción del ecoturismo para la erradicación de la pobreza y la protección del medio ambiente" en la que insta a los estados a desarrollar políticas ecoturísticas que añadan ingresos, generen empleos e incrementen la educación en las zonas receptoras y, en consecuencia, en la lucha contra el hambre".
La relación entre el ecoturismo como herramientas de gestión de mitigación de la pobreza se ha visto reflejada por primera vez en el documento de la Cumbre de la Tierra Río+20 (Brasil, junio de 2012) y ls conclusiones de la XI Conferencia de las Partes en el Convenio sobre Diversidad Biológica de octubre de 2012.
Todo esto ha llevado a que la OMT inste a los países emisores que realicen inversiones en ecoturismo de acuerdo a sus normas, generando pequeñas y medianas empresas de servicios turísticos, artesanía, folklore tradicional, cooperativas y facilitar la financiación mediante microcréditos para comunidades desfavorecidas, en particular a mujeres,en zonas con potencial ecoturístico y zonas rurales.