viernes, 29 de enero de 2016

Viajando por el mundo: Egipto: Hacia el sur por el Nilo

Si deseas empezar a viajar por el mundo y visitar las manifestacones sobre el Patrimonio de la Humanidad, mi consejo es que comiences por Egipto. Dicen que con Egipto el listón se pone tan alto, que el resto de monumentos del mundo se quedan muy por debajo en cuanto a expectativas del viajero.
No e así, con Egipto sabes valorar la diversidad del resto, sabes sacarle la esencia a las otras culturas y monumentos, en definitiva, con Egipto aprendes a leer en las piedras, en el ambiente que respiras, es el no va más de la inicicación viajera de escala global.
En esta segunda entrega, relato mis sensaciones a través de la subida por el cauce del Nilo, viajando al Sur, desde Tebas (Luxor) hasta Abu Simbel a unos 60 km de distancia de la frontera de Sudán.
El devenir del viaje por el río Nilo, nada tiene que ver con los cruceros tradicionales. Soy sincero, y para mi, que no me gustan los cruceros ni su ambiente, tenía ciertos recelos y dudas de ello, pues pensaba que se iba a convertir en una fiesta continua de los turistas. Nada más lejos de la realidad. Se deja tiempo y sitio para todos, incluso se consigue un gran aislamiento en cubierta si así lo prefieres para disfrutar de esta travesía de la manera que llena más el alma.
Por razones de seguridad no se puede navegar el Nilo desde El Cairo hasta Luxor. Se puede ir en tren, pero tampoco es aconsejable por el tiempo que se pierde y por la propia inseguridad también. Al final se opta por el avión, es barato el vuelo y merece la pena.
Amanecer en el templo de Karnak
Si El Cairo impresona, Luxor es espectacular. Templos, monumentos, tumbas, complejos funerarios, todo... lo tenemos en Luxor (antigua Tebas). El templo de Karnak con su sala hipóstila es una de las obras egipcias más singulares y bonitas. Se han rodado multitud de películas en esta zona del templo y se han recreado cientos de escenarios para otras tantas. Perderse por ese complejo merece la pena y el espíritu aventurero te lo agradecerá. Desde Karnak se puede ir por la avenida de las esfinges, recientemente habilitada, hasta el Templo de Luxor, menos espectacular que el anterior, pero digno de ver, sobre todo la conexión que tienen ambos, oculta durante muchos siglos.
Sala hipóstila en el templo de Karnak














Templo de Luxor





 
Avenida de las esfinges














Colosos de Memnom
 Si esta orilla es digna de cualquier persona que valore el arte y la historia, la otra orilla (occidental) del Nilo, no se queda corta. Cruzando el Nilo y pasando entre un hermoso palmeral y campos de cultivo regados por ese agua, nos encontramos con los Colosos de Memnom, dos estatutas faraónicas, resto de un complejo funerario hoy día inexistente, pero antesala de lo que nos espera. Lo más curioso, bello y original de Egipto: el Valle de los Reyes; los pueblos de los trabajadaroes; el Valle de las Reinas y el templo de la Reina Hatsehpsut.
Entrada a King Valley
El Valle de los Reyes constituye un elemento singular para el visitante. Si te alejas de los grupos de turistas, puedes adentrarte en el sueño eterno de los faraones, de sus tumbas, de lo que allí aconteció hace muchos siglos. Impresiona ver aquello, tantas tumbas, pero más impresiona la belleza de las mismas, sus pinturas, la propia configuración, la sala mortuoria e imaginar cómo las construyeron y cómo llevaron al faraón a enterrarlo en aquel lugar.
En mis dos viajes he tenido la suerte de ver varias de ellas KV9 (king Valley 9) Ramsés IV, KV10Amemmeses, KV11 Ramsés III; KV15 Seti II; KV17 Seti I y la KV55 Tiy. De todas ellas para mi las más bonitas y mejor conservadas han sido las de Seti I (actualmente cerrada); Seti II y Ramsés VI. En ambas visitas no pude entrar a la del Rey Tut, pero tampoco importaba, por cuanto es pequeña y todos los tesoros están ene el Museo Egipcio.
Templo de la reina Hatsetsup
Empapado de tanta historia, descubrimientos y arqueología a cielo abierto que se ve en la zona, nos volvemos hacia el templo de la Reina Hatsehpsut, impresionantemente conservado y hacia el valle de las reinas, menos espactacular que el de los reyes, pero muy curioso de ver también.
Con los bolsillos llenos de sensaciones, acongojo de la espectacularidad del entorno, de historia, arte, leyendas y de una civilización perdida en el tiempo y oculta durante tantos siglos, embarcamos en nuestro crucero y comenzamos a remontar el Nilo hasta la primera catarata.
El Nilo discurre relativamente tranquilo, con caudal y profundidad varibale, que hace que los barcos vayan haciendo unas trazadas singulares e irracionales a veces. Son varias las paradas que se hacen: Esna, Edfú, KomOmbo y Aswan, y va transcurriendo la remontada por unos paisajes preciosos, campus de cultivos, puestas de sol impresionantes, donde podemos ir viendo la forma de vida, el día a día, del campesino egipcio.
Templo de Horus en Edfú
La primera parada obligatoria es Esna. Aqui los barcos tienen que pasar por las esclusas para salvar el desnivel del río. Es una parada ajetreada. Se forman colas de barcos; lugareños "asaltando" el navío vendiendo chilabas y cualquier objeto de recuerdo; risas, griterío; en fin, un buen aliciente para pasar unas horas de parada en la que aun no se puede desembarcar. Pasada la esclusa, se atraca en la ciudad de Esna, donde se puede ver de pasada el templo de Chinum, utilizado por lo franceses como polvorín. Paseando por esas calles abarrotadas  de tiendas de souvenirs, puestos y turistas, sólo se escucha el griterío de unos y otros, siendo en su justa medida, hasta divertido, pero poco más.
El crucero sigue su travesía nocturna y ya por la mañana, se llega a la ciudad de Edfú. Ciudad curiosa por albergar el Templo de Horus que se llega a él mediante el alquiler de una calesa. Lo interesante del templo y su complejo es que se pueden ver las excavaciones que se están realizado en vivo y los descubrimientos que están haciendo.
Surcando el río se observan palmerales, cultivos, zonas inundadas con ganado; se ven a nicños jugando a la pelota en descampados de los pubelecitos y aldeas; pescadores en barquitas dando palazos al agua con los remos y que ni nos miran cuando pasamos a su lado. Viven en su mundo, en su día a día y saben que somos aves de paso que poco o nada les vamos a aportar. Su día vital es mucho más importante que lo que nosotros creemos de ellos. El calor del día empieza a decaer y el sol se va poniendo en la orilla oeste. Es impresionante el silencio que existe ahora. Un atardecer espectacular, brillante y claro y escuchando en un determinado momento la llamada a la oración de un muecín de una mezquita cercana que ni siquiera observamos. Es un momento sublime, te das cuenta que estás en otro mundo, en otra civilización, en un río que es diferente a los demás. Es inolvidable y solamente por eso, merece la pena volver. Esa sensación sobre el río no la he tenido en nungún otro lugar del mundo.
Templo de Kom Ombo
Poco más adelante se llega a Kom Ombo donde se puede ver el templo de Sobek (dios cocodrilo), misteriosos y cuna de la medicina del antiguo Egipto. Como curiosidad también se puede visitar el nilómetro o medidor de la altura del río para determinar las crecidas de aquella época.
Aswan
Ya en el último tramo del recorrido y con el calor de la mañana, avistamos Aswan. Esta es la segunda ciudad de Egipto y se situa aguas abajo de la llamada primera catarata del Nilo. Lugar de espías, contrabando, novelistas y artistas, es una amalgama de cosas que a unos les hace atractiva y a otros no tanto, como me ocurre a mi. Allí todo gira alrededor del turismo de masas: el obelisco inacabado; paseo en falucas con espectáculo incluido; vista en camello al pueblo nubio a pie de la primera presa de Asuan; el templo de Philae...., cosas curisas que ver, sin duda, pero que están hoy día muy desarraigadas y lejos de lo que debería ser. Me centro en la reserva natural de la primera catarata, ente las rocas del Nilo y la Isla Elephantina. Un espacio natural lleno de remolinos, aves, anfibios y plantas curiosas. Se observan los papiros y el ibis entre otros y sobre todo, el silencio del entorno que hace que río suene como debería ser. El tiempo que se pasa en esta reserva natural, descarga cualquier estrés y te aleja del bullicio festivalero de los turistas de masas.
Reserva natural de la primera catarata del Nilo
Aswan es una ciudad densamente poblada. Sin embargo, por sus calles hay multitud de tiendas y puestos donde venden antigüedades. Fuera de los souvenirs característicos, hay que tener cuidado con el resto de cosas que puedes encontrar, pues adquirilas es un delito y puedes tener problemas.
Si en El Cairo las mujeres podía vestir cercanas a lo que denominamos moda occidental, por estos lugares es totalmente contrario. Aquí le gente es más distante, esquiva y no te miran con buenos ojos y me refiero fuera de lo que son las calles comerciales volcadas al turismo de masas. Puestos en aviso de este aspecto no poco importante, nos dirigimos a Abu Simbel.
Hay dos formas de ir, en avión o por carretera. En avión es más rápido y menos cansado, pero dice poco del Egipto que queremos conocer. Por carretera hay que ir en fomación de convoy por seguridad, no obstante, tenemos que ir por el desierto nubio y estaremos a pocos kilómetros de la frontera de Sudán, donde, según dicen, a veces grupos armados hacen alguna incursión atravesando la frontera que nos separa.
Lago Nasser, vista desde Abu Simbel
Templo de Abu Simbel
El viaje dura varias horas, pero merece la pena. Se sale muy temprano, a eso de las 4 de la mañana y poco a poco en el despetar de la carretera, vemos el amancer en el desierto. Las formas se van definiendo, el color empieza a aparecer y la claridad lo inhunda todo. Es sensacional ver amanecer en el desierto nubio. Cuando el sol ya apunta, vemos a lo lejos un espectáculo inigualable: el Lago Nasser formado gracias a la presa de Aswan. Impresionante masa de agua en la que aqui si existen los cocodrilos, donde vimos una formación de cormoranes de varios kilómetros migrando hacia el norte y donde al girar por un camino al borde del lago, nos damos de frente con el imponente templo de Abu Simbel.
Aguas abajo de la primera presa de Aswan
El sitio está lleno de turistas, pero si vas de forma independiente puedes buscar momentos de soledad y tranquilidad dentro de los templos. Es grandioso, es brillante y aun a sabiendas que lo tuvieron que mover unos metros de su sitio original para salvarlos de las aguas de la presa, la sensación es desgarradora para los sentidos. Merece la pena llegar hasta aquí, merece la pena venir a Egipto, merece la pena estar entre la gente y disfrutar de esta maravilla. A pocos metros de allí, junto al lago, se puede observar el hueco que dejó la ubicación original y la profundidad que tiene el lago en esa zona. Todo es grandioso y acongoja verlo, sentirlo y disfrutarlo.
La vuelta a Aswan te deja meditando todo el camino, pero con el alma llena de sensaciones y sentimientos encontrados. Tanta belleza, tanta historia, la seguridad, la conservación, las gentes del lugar, el acoso de los niños vendiéndote baratijas sin valor, en fin, una aventura que poco a poco llega a su fin.
En la próxima entrega nos pasearemos por un lugar que está fuera de los circuitos turísticos: Alejandría. Ciudad mítica de Egipto, tremendamente interesante y justa de ver.

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