jueves, 28 de enero de 2016

Viajando por el mundo: Egipto: El Cairo, Memphis, Saqqara

Cuando uno se propone a cierta edad conocer y visitar el Patrimonio de la Humanidad, se plantea por dónde empezar. Y es que hay mucha gente que te dice una cosa, otras, otras.... al final acabas deciciendo un destino, relativamente corto en tiempo, asequible y se prueba. Este es mi caso, cuando decidir ir a Egipto en el año 2004 y repetir seis años después, pues la experiencia fue de las que dejan huella y no descarto la posibilidad de volver una tercera vez.
Dos viajes distintos, en el que combinándolos descubro cosas que están alejadas del turismo de masas y gracias, eso sí, a las gestiones para poder contratar un guía local miembro de la academia de arqueología de Egipto, por lo que nos llevó a numerosos lugares y sitios arqueológicos al margen de los circuitos turísticos.
La vida en alguna calle de la zona antigua de El Cairo
En mi primer viaje, empecé por El Cairo. Recorrí sus barrios principales y calles ajetreadas, con tráfico endiablado y taxis en los que uno tenía que reir por no llorar y pensar en otras cosas antes de mirar cómo conducen. Sin embargo, la experiencia es inolvidable, sobre todo cuando se quieren meter nueve personas en un taxi donde caben cinco, pero al final entramos entre risas y propina para le conductor. La repetción en mi segundo viaje, demostró que pocas cosas habían cambiado, lo cual también era bueno desde mi punto de vista, por cuanto encontré lo que esperaba.
La gente de allí nos ve como somos, occidentales a los que de alguna manera nos tienen que sacar los euros. Fruto del propio turismo incontrolado, la población dedicada a estos menesteres ha cambiado sus costumbres ancestrales en este sentido, todo gira arededor del turista. Para huir de esto es complicado y si vas sólo te puedes meter en un buen lío, no obstante, con un poco de habilidad y sentido común, te puedes ir implicando entre ellos.
En el Mercado de al-Kalili, tras ver cantidad de puestos y tiendas, casi todas dirigidas al gran turismo, decidimos descansar en un cafetín típico para tomarnos un te y fumarnos tranquilamente una Shisha. Una vez que nos ven personas que disfrutamos de sus costumbres y las respetamos, nos ignoran y todo transcurre con suma normalidad. Es una interesante experiencia que recomiendo a todo el que vaya por allí. Sin embargo, la sensación de inseguridad no acaba de desaparecer nunca, pero ahí estriba también esa brizna de aventura que uno quiere vivir como algo extraordinario.
El Cairo tiene muchísimas cosas que ver, destacando entre todas ellas el Museo Arqueológico, lleno de joyas y donde disfruté enormemente, ya no sólo por su contenido, sino por su disposición en forma de almacén sin un orden lógico, que lo hace unico y digno de perderse en él. Joyas, tesoros, momias, sarcófagos, estatuas, pero merece la pena, sin duda, la máscara de Tutankamón. Es espectacular y no te cansas de observarla. Las dos veces que visitado el Museo me he dejado perderme en él y lo más curioso, que no ha cambiado en ese lapso. Sigue igual.
Mezquita de alabastro
El barrio copto, la mezquita de alabastro, las murallas de Saladino, la ciudad de los muertos..... horas y horas visitándolo y todo tan distinto y atractivo que queda reflejado para siempre en la retina. Esta inmensa ciudad tiene su atractivo, sin duda, y una visión desde la colina de la mezquita de alabastro es impresionante. No hay silencio, todo son coches, motos, pitidos.... es una ciudad viva de día y de noche y hay que verla con esa mentalidad.
Meseta de Giza
Messeta de Giza
Pero como lo más famoso es Giza con sus pirámides, me detengo en ellas. He visto por dentro dos de las tres pirámides (Keops y Micerinos) aunque mi hija ha llegado a ver las tres en otros dos viajes que ha hecho. La expriencia es indescriptible, hay que vivirlo y estar en silencio dentro de ellas. Para disfrutar de la zona, hay que aislarse del entorno, del acoso de los vendedores y niños, de los propios turistas, pero eso depende de cada uno y del propio espíritu de aventura e imaginación que tengas.  Cuando te pones al lado de los bloques de piedra, te das cuenta de la inmensidad de la obra, de la energia que guarda y del atractivo cultural y humano que tienen. Son espectaculares, sin más, quietas ahí por siglos, en el mismo sitio y reciiendo todos los años a visitantes de todo el mundo. Siempre he pensado si sus constructores fueron conscientes de lo que iba a ocurrir muchos siglos adelante.
Un poco más abajo se ve la Esfinge, también un monumento fantástico y que le deja a uno la imaginación dando vueltas, sobre todo, porque no se sabe qué pinta esa escultura allí, al parecer anterior a la edad de las pirámides. Todo eso juega un papel importante en el mito, en la sugestión nuestra cuando observamos todo el escenario.
Excavaciones en la zona de Sakkara
Pirámide de Zoser en Sakkara
A pocos kilómetros está el complejo de Sakkara. Para mí uno de los lugares más interesantes de Egipto. En este complejo el guía nos llevó a visitar excavaciones activas y lugares nunca vistos por los turistas. Fue iniciático aquello y saber que siguen descubriendo tumbas y pozos de enterramiento bajo nuestros pies, pone la carne de gallina. La pirámide escalonada y su entorno es muy curioso. Para la mayoría menos espectacular que Guiza, pero para mi, lleno de misterio que en momentos de soledad parecía retroceder miles de años y que el tiempo se paraba.
Mastaba de Mereruka (Saqqara)
A pocos metros de allí se pueden ver las excavaciones activas y entre ellas hay una zona llena de mastabas que se pueden visitar. Dos de ellas son curiosas: una la mastaba de Mereruka, cuya estatuta aparecía en los antiguos libros de texto del bachillerato (Mereruka al parecer fue un goberador de Memphis), muy conservada y curiosa y otra la pirámide de Teti, una de las más recientes descubiertas y con unos grabados espectaculares en el interior. La zona está llena de excavaciones y te sumerjes en un mundo arqueológico y de aventura donde vives tu propia película.
Para finalizar esta maravillosa visita, queda la ciudad de Memphis, de nombre legendario que recuerda el explendeor vivido en aquellos siglos. Por los huertos y descampados de esta ciudad se siguen viendo excavaciones y descubriendo lugares que expresan cómo se desarrollaba la vida en aquella ciudad. Entre palmeras y escombros, se ven a los egipcios excavando y encontrando artilugios de todo tipo.
El Cairo y sus alrededores me ha dejado un gran recuerdo. Las personas son distantes, no llegan a ser amables, pero tampoco antipáticas. Los más cercanos a la actividad turística son muy habladores, tratan de enredarte por sacar algún euro, pero poco más puedes esperar de ellos. Tienen unos recursos culturales excepcionales, pero el mercadeo negro es enorme y la sensación de descontrol sobre la gente, muy alta. A pesar de ello, merece la pena volver. El ambiente y el entorno lo suplen todo con creces.
El próximo capítulo abordará la subida por el Nilo, rumbo al sur, llena de sensaciones inolvidables que también merecen repetir.






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